La Vida de un Sacerdote Misionero en México



El Padre Ted es el hijo del Valle Río Grande; del Alamo, Tejas, unas cuantas millas al norte del "Great River," el Río Grande. Nacido tres años en la gran depresión, el fue el quinto hijo de once y el primer hijo barón. Durante la depresión, sus padres perdieron todo, incluyendo el rancho y la casa. Desde una temprana edad asistía a la escuela y trabajaba en un rancho. Casi todos los días rezaban el rosario en familia. Durante sus primeros años, Dios lo protegió a el y a sus hermanos de serpientes de cascabel, ratas, accidentes de carro y hasta de un monstruo gila.


Ted fue a la Escuela Apostólica de San Antonio en San Antonio, un seminario para barones adolescentes. Mientras que tuvo dificultades con el Latín, logró jugar fútbol con la ciudad. Durante el tiempo que el Padre Ted se preparaba para su ordenación, su hermano, Mike, tomó sus primeros votos y se preparó por siete años en la educación. El Padre Ted se ordenó en 1959 y fue asignado a la Parroquia de la Familia Sagrada en Corpus Christi. Tres años mas tarde, ofreció su ayuda en las misiones de México y fue asignado a la misión de Tehuantepec en el estado de Oaxaca, México. Tehuantepec es un istmo en la parte sur de México, 120 millas de ancho. El área era una región remota, aislada y montañosa habitada por una variedad de tribus indígenas, el recorrido era a caballo o caminando.


Para cuando el Padre Ted llegó a Tehuantepec, el Segundo Consejo del Vaticano ya había hecho cambios en algunas partes del mundo, pero apenas empezaban en esta parte de México. El español ya había reemplazado el Latín y parecía muy difícil para muchos aceptarlo. Muchas veces era más fácil para la gente aprenderlo que para los sacerdotes. La iglesia a la que llegaron los Oblatos en 1958 había sido abandonada desde la Revolución Mexicana en 1910. Algunos sacerdotes se fueron, pero con la divina misericordia de Dios mucha gente mantuvo su fe viva. Había pocos caminos para llegar hasta la diócesis que se encontraba en la carretera de Pan-American. Casi todo el recorrido era a pie o a caballo, o en mula o en burro. El clima era extremadamente caliente en las tierras bajas y muy frío en las montañas. El viaje desde las tierras bajas a las montañas podía llevarse hasta dos días a caballo. Se encontraban muchas aldeas y pueblos en las tierras bajas; en algunas aldeas había 100 o mas personas, mientras que en otras había de 1,000 a 2,000 personas. Todos en agricultores, pero los que vivían cerca del Pacífico también eran pescadores.


Los sacerdotes no podían visitar los pueblos seguido en los años de 1950 y de 1960. Cuando los tocaba ir a visitar, se hacía todo de uno a tres días - Misas, bautizos, visita a enfermos y algunas comuniones - sin casi alguna instrucción. Quizá regresarían en seis meses, o quizá en un año. En 1972, el Padre Ted construyó un pequeña clínica con seis cuartos y un baño. Además de cuidar a los enfermos, los sacerdotes asistieron en los partos de cientos de bebes, muchos de los que ya estarán en sus cuarenta años. Ayudaron a colgar cables eléctricos y mejorar las calles. Alrededor de 1985, el gobierno construyó una pequeña, estrecha calle pavimentada.


Había muchos servicios para desempeñar en el día de un misionero - Misas, confesiones, bautizos, matrimonios y visitas e enfermos. Las juntas y el tiempo siempre eran importantes para los catequistas, y siempre se presentaban dificultades. En el pasado, todo esto se daba en dos días. Los enfermos necesitaban medicinas, y tenían que asistir en los partos, todo esto sin luz eléctrica. Se usaban velas o faroles. El piso de tierra a veces era cubierta con papel. Las madres que estaban con dolores de parto eran pacientes, sufrían pero no mostraban su dolor. La vida había sido muy difícil para ellos. Las señoras preparaban las flores para la iglesia y para la Misa todos los días. Aunque tenían poco dinero, los vecinos ayudaban a los más pobres y a los más enfermos. Estos actos de caridad impulsaba al Padre Ted a reflexionar en su propia vida. El Señor nos habla de muchas maneras. Estos fueron los días de paz y tranquilidad.


Pero luego todo cambió. Empezaban los problemas, aunque no todo empezó al mismo tiempo. Fue gradual. A principio de los 80, los carteles de la droga llegaron del norte de México a las remotas aldeas de las montañas en el estado de Oaxaca. Había mucha tentación para la gente de estos lugares en cooperar con los traficantes ya que el dinero y la comida era escasa. Los indígenas no tenían idea del daño que hacían estos traficantes de drogas en otros lugares. Ellos eran los que se arriesgaron a crecer las amapolas y la mariguana. Gente de las afueras de nuestros pueblos empezaban a visitarnos, generalmente de noche. Diariamente volaban pequeños aviones sobre nuestra área. Durante la noche se iba la luz. Camiones que nunca habían estado en esta área venían. Traían ametralladoras en cajas y las movían en carretillas. El Padre Ted les preguntó a unos hombres para que eran las pistolas pero no le contestaron. Era claro que lo querían para algo no era bueno. Empezaron los problemas. Eran asesinos. Al principio la gente no sabía porque sembraban las amapolas, pero muy pronto se dieron cuenta lo que estaba pasando y porque los aviones volaban en el área. Esta era la nueva ruta de contrabando. La mariguana puede crecer en cualquier lugar pero la amapola necesita de un clima fresco para crecer. El clima de las montañas en Tehuantepec era perfecto para sembrar las amapolas para la heroína.


En febrero de 1982, mientras viajaba en una camioneta, el Padre Ted se encontró con un grupo de personas quienes le dijeron que les dispararon y los amenazaron. Su primero pensamiento fue, no se involucren en esta situación peligrosa. El sabia que unas familias habían sido quemadas vivas en sus casas. El Padre Ted le preguntó a su compañero que iba con el en el viaje, el Padre Joe, que escuchara su confesión y rezó: "Señor, ten misericordia y perdóname mis pecados. Perdóname por todas las ocasiones que he sido inconsiderado con otros. Perdóname por mis pecados en ni vida del pasado". El Padre Ted se encomendó a Dios y a nuestra Señora Bendita, María. Los sacerdotes continuaron su viaje hacia los problemas. El temor los envolvió. Ellos sabían que había gente escondida en sus casas y que no querían salir por miedo. El Padre Ted y el Padre Joe llegaron a una casa donde anteriormente había sido baleada. Mientras que el Padre Ted caminaba hacia la puerta, un hombre salió y le gritó: "¡Padre, Padre - pronto, pronto!". Se escucharon unos balazos, los cuales hirieron al hombre, mientras corrimos dentro de la casa. Dentro de la casa había dos adolescentes que habían sido balaceados y estaban sangrando, uno en la cara y el otro en el pecho. La mamá y cinco niños gritaban que los ayudaran. El Padre Ted estaba aterrorizado y no sabía que hacer. La mamá y los cinco niños estaban colgados de él y gritaban, "¡Nos van a matar!, ¡Nos van a quemar!" Realmente era muy difícil creer lo que estaba pasando. El Padre Ted sabía que si iba afuera, le podrían disparar. Pero no había remedio. Se pudo soltar de los que se colgaban de él y salió. Casi sin mantenerse de pie sobre sus rodillas temblorosas, el Padre Ted fue hacia el lado del chofer de donde salían los disparos, manteniendo sus manos arriba. El no podía ver a los que disparaban, estaban detrás de unas piedras. El Padre Ted les dijo: "En el nombre de Dios y la Virgen Bendita, soy el Sacerdote y no deseo hacerles daño. Adentro de la casa hay personas que están sangrando. No disparen, en el nombre de Dios. No disparen, en el nombre de Dios." El Padre Ted se subió a la camioneta, el intentó prenderla pero no funcionó. Pensó…."Esto no puede estar pasando". Con la gracia de Dios los sacerdotes pudieron subir a los hombres heridos y a los niños a la camioneta. Mientras el Padre Joe manejaba al pueblo, el Padre Ted ayudaba a los heridos, pero uno de los hombres murió antes de llegar allí.


Continuaron las muertes y las drogas. Las familias estaban advertidas de no intervenir con la siembra de mariguana y la amapola para la heroína en sus tierras. La gente venía durante la noche y solos a compartir con el Padre Ted lo que estaba pasando. Uno de los hombres que pusieron a cargo de cuidar los campos de amapolas venía verlo de noche. El hombre le reveló al Padre Ted que les había dicho a los traficantes de drogas que no podían sembrar en las tierras del pueblo ningún tipo de droga y que los reportaría a las autoridades. Poco tiempo después, varios hombres se lo llevaron, lo torturaron y asesinaron. Su esposa con siete meses de embarazo fue a avisarle al Padre Ted lo que había sucedido. Con tanto temor, la gente no quería ir a recoger el cuerpo del hombre. Dos meses más tarde, el Padre Ted asistió el parto, su treceavo bebe. Esta madre tenía que cuidar de todos estos niños y ahora su esposo había sido asesinado.


La gente tenía miedo viajar y salir de noche. Diariamente se trasportaban cargas de drogas. Todos los días llegaban aviones con armas y salían con drogas. Frecuentemente había asesinatos de gente inocente. Un caso fue en el que el cartel de drogas buscaba a un hombre con su esposa y cinco hijos. Una tarde, los niños estaban solos en la casa cuando seis asesinos, todos armados con ametralladoras, llegaron a la casa buscando al hombre. Como no lo encontraron mataron a los niños con sus armas. Cuatro de ellos acribillados a balazos. Solo el bebe sobrevivió ya que se encontraba en una canasta en una esquina y no lo vieron.


El Padre Ted empezó a escribir una lista de los hombres que eran asesinados. Las familias le decían los nombres y las fechas en que murieron - y a veces, los nombres de los que eran responsables. Tenía una lista de toda esta información con los lugares, nombres y fechas. Cuando la lista llegó a los 150 incidentes, el Padre Ted lo entrego a las autoridades en la Ciudad de México. El tenía miedo, pero también se acordó de quien lo había mandado allí. El sabía que había peligro; la pregunta era cuando y donde iba a ocurrir.


En marzo de 1987, el Padre Ted hacia su recorrido por la carretera de Pan-America cuando de repente escucho como si la camioneta había explotado. Luego se dio cuenta de que alguien que se encontraba del otro lado del camino le había disparado. El olor de la pólvora era muy fuerte. Mas tarde se detuvo para examinar la camioneta, el Padre Ted encontró doce agujeros de bala en el techo, justamente arriba de su cabeza. El continuó su viaje a Oaxaca en donde le habló por teléfono a su provinciano quien le dijo que tomara un avión a la Ciudad de México. Esa noche no pudo dormir. El escuchaba los disparos una y otra vez. Al llegar a la Ciudad de México, se fue a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe y fue a confesarse. Luego se sentó y observó detenidamente la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. El Padre Ted no tenía ni idea de cuanto tiempo se quedó observando la. Lloró y le dijo, "María, mi Madre, por favor dime lo que debo hacer. Necesito saber."El escuchó por dentro, "No tengas miedo. Regresa a los pueblos. Yo soy tu Madre."


El Padre Ted se pasó seis años mas en Quiechapa sirviendo a la gente. Seguían los asesinatos y seguía creciendo la heroína. Los sacerdotes les habían pedido a las familias de los asesinos que entregaran las armas por tanta gente que había sido asesinada. El Padre Ted había recolectado como doce rifles automáticas y pistolas. Las armas tenían algo en común: todas se había usado para asesinar a otros. Pensó ""¿Qué haremos con todas estas armas?" La congregación construyó una gran hoguera en la parte de atrás de la iglesia y se reunieron alrededor. "Como protesta contra estos asesinos, los invito a destruir estas armas en pedazos y luego quemarlos en el fuego," ," el Padre Ted les dijo a la congregación. "No volverán a matar a nadie."


La generosidad y la valentía de estas personas eran increíbles. Un día, el Padre Ted escuchó las campanas de la iglesia. Eran como las 3 p.m. - era raro escuchar las campanas a esa hora, pero avisaba que había una emergencia. Un asesino estaba enojado con el Padre Ted por haber hablado en contra de los asesinatos y la violencia. En la parte alta del pueblo, muchas mujeres se reunieron para detener al asesino mientras caminaba hacia la iglesia con su rifle. Las mujeres lo detuvieron y le avisaron al Padre Ted que no saliera de su casa hasta que se fuera el asesino. Quizá el hombre había bebido o estaba drogado. Luego se fue sin hacerle daño a nadie. Esas mujeres valientes se quedaron hasta que el asesino se fue.


Finalmente el Padre Ted tuvo que dejar México en el 2007 cuando su salud empeoró y se tuvo que jubilar. Se esta recuperando de un derrame cerebral y actualmente vive en la Residencia de Madonna Oblato en San Antonio, Tejas. El esta muy agradecido a Dios por los años que pudo servir a los pobres y por los que el conoció que servían a Dios durante su jornada en la vida.